
Nota: Este es el post del que escribía el otro día, pero pasaron muchas cosas después. No es apto para tiquismiquis.
Desde que estoy independizada he tenido que pasar por muchas cosas, y cosas muy absurdas que hacen que eche de menos a mi madre. Para empezar, no se planchar. Pero no me importa porque de momento la ropa arrugada me favorece. No se controlar la temperatura de mi nevera, y por eso se me hielan las verduras. Barrer o quitar el polvo me hace alergia hace que toda mi piel se vuelva como un guante de crin.
A parte de todo eso, hasta ahora pensaba que sabía cocinar. Y digo pensaba porque veía en la tele al gran cheff sushi (un anime de cuando era pequeña) y pensaba que friendo un huevo podía hacer milagros en la boca de la gente.
Ayer vi que no.
Mi madre me contó una super-receta en la cual tenías que encular a un pollo con una botella de cerveza y pensé que además de divertido (nutritivo) y gustoso tendría su gracia probarlo. Así pues, esa misma tarde, compré los ingredientes y fui para mi cocina a encular a una pobre ave. Mi sorpresa fue que cuando saqué el pollo de la bandeja de porexpan, el muy ***** aún tenía la cabeza y TODOS sus órganos aún dentro de su cuerpecito.
Mi cara no fue de alegría en ese momento, pero tampoco de tristeza… así pues me remangué la camisa y con el cuchillo más gordote empecé el proceso. Total, había visto hacerlo a mi madre en menos de 10 segundos. Era matemáticamente y científicamente imposible que fuera muy complicado porque ella lo hacía.
- Vale… no nos pondremos nerviosos…. primero un golpecito para saber donde ha que darle el corte… luego otro más fuertecito para marcar el lugar… vale… ahora PUM!!!!!!
No hace falta decir que en lugar de al cuello del pobre bicho le dí a una naranja que había en la encimera.
- No ha pasado nada… era solo una naranja y no era ni de Valencia. Tranquilidad… a ver… 1… 2…. 3… PUM!!
Esta vez si que le dí al cuello del pobre animal, pero en lugar de salir sangre a borbotones como me hubiese imaginado, de mi imaginación me salió el pobre pollo suplicándome que me volviese vegetariana o que lo cocinara con cuello, que era más bonito.
Al pollo, en ese momento, le colgaba la cabeza y el cuello de un hilito de piel que solo tuve que cortar con unas tijeras de cocina normales.
Luego vino lo mejor: Había que vaciarlo.
Lo de antes había sido jauja comparado con la lección de anatomía pollestril que me esperaba. Le abrí un poco más el orificio excretor y “coletor” (el de la cola, inventado por mí) y metí la mano en tan terrible agujero sin fondo y lleno de cosas muy húmedas y blanditas.
- Hasta el fondo!! - Me dije a mí misma para poder pillar todo lo que hubiese dentro cerrando el puño con mucha fuerza y arrastrándolo todo para afuera. Solo conseguí un mísero cachito de hígado que hizo las delicias de mi estómago al recordar que no me gusta el hígado en ninguna de sus formas: cocido ni en mi mano.
Vale, faltaban muchos órganos que estaban dentro del difunto animal, y mi mano después de muchas intentonas no conseguía extraer nada.
Me decidí por abrirlo en canal como hace House cuando no tiene las cosas claras (en su serie siempre es cáncer, lupus o amputar algo a alguien).
Decidí que era mejor abrirlo por delante que no por la espalda, ya que me imaginaba que la médula espinal me estaría esperando para atacar. Cogí el supercuchillo grandote y ZAS ZAS ZAS… En nada me había cargado toooodas las costillitas del pollo, su esternón y lo había estrellado todo de tal manera que luego no hubo forma de aprovechar ninguna costillita para nada.
No pasaba nada, el pollo estaba abierto y desde mi posición le veía perfectamente los pulmones, el estomago, el páncreas, el corazón y un juguito amarillo lleno de “tropezones” verdes. Todo fuera. La sensación fue como volver a jugar con plastilina, pero esta vez la plastilina goteaba sangre y jugos.
Cuando terminé con la operación, comuniqué a sus familiares y amigos que todo había ido según lo previsto y me dispuse a arrancarle y quemarle las plumas. Luego lo dejé lavandose con agua del grifo y ya estaba listo para lo que vendría después:
LA VERDADERA RECETA DE POLLO ENCULANDO UNA CERVEZA
Ingredientes:
- Un pollo entero limpio
- Un botellín de cerveza
- Hierbas de cocinar (tomillo, perejil, orégano,..)
- Patatas
- Sal
Modo de Empleo:
Introducir la cerveza por el culo del pollo y que saque el cuello por el “cuello” del pollo a modo de esqueleto. Aderezar con las hierbas y sal (yo usé orégano y perejil y mi madre Tomillo). Sentar el pollo en una bandeja. Pelar las patatas y ponerlas en la bandeja.
El horno tiene que estar precalentado a 180ºC, y solo hace falta introducir el pollo sentado. La misma cerveza irá derramándose lentamente por el pollo o su vapor lo impregnará. A la media hora retirar las patatas que ya estarán hechas, pero el pollo tiene que estar un total de 60 minutos en el horno. Una vez terminado el tiempo, servir con las patatas y la salsa que habrá quedado en la base.
Ya veréis que rico y que doradito queda el pollo.
AUDIO: Anee Lee Rebeka - Bombay Dreams.mp3
PD: Post dedicado a aquellos que no les gusta que cuente mi vida en mi blog. VA POR USTEDES!!
PD2: Aunque parezca mentira, esta receta es de nuestro amigo Karlos Arguiñano.
PD3: Este fin de semana estoy en Bilbao por el Hockey de “M” que juegan la Copa del Rey de Hockey Linea. Que ganas tenía de ir a Bilbao! A ver si me escapo 5 minutos para grabar alguna cosilla.
Mi Xbox360