Botas de agua

Hace unos días pedía consejo para comprar unas botas de agua: Blancas, negras o estampadas.
Al final ni A, ni B, ni C, sino que me fui al Decathlon, después de frustrarme y ver que las botas de agua más fashion no son impermeables, me compré unas azul oscuro (el único color que había).
Bueno, son las típicas botas de agua clásicas de niños: lisas, no tienen botones, ni plataforma, ni tacones, ni lunares: Son prácticas y muy cucas, porque al tener este pie de bebé (¡un 35 señores!) la verdad es que da bastante risa.
El día siguiente amaneció con una tormenta que se cargó el Cremallera de Montserrat.
Esa mañana cogí el coche, y a los 3 minutos empezó el diluvio universal. No estoy hablando de mucha lluvia, sino que Dios ha vuelto a cabrearse con los hombres de la tierra y esta vez con saña, porque por mucho intentarlo lo hubo manera de ver más allá del coche que tenía delante. Los parabrisas iban como locos, y aun así no paraban de expulsar agua. Un caos.
Duró unos 15 minutos (no había huevos de salir del coche), y cuando paró me puse las botas para salir a la calle pisando charcos sin mojarme. La sensación de calcetines secos es algo que no se paga con dinero, la verdad.
Volví a subir al coche, pero luego me di cuenta el porque no son aptas para conducir. No quiero explicar como arranqué, ni como aparqué, ni como hice la rotonda de Plaza España. Solo os diré que es mucho mejor que un mono joven cebado de azúcar haga de copiloto sin cinturón de seguridad que no conducir con botas de agua.
Al llegar a casa las guardé en el zapatero y les puse la etiqueta de: Lluvia SI, Conducir NI DE BROMA.
AUDIO: Ben Gibbard - Thriller
AUDIO2: The Magic Numbers - Take Me Out


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