Ginatonic
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Comprar un taburete en IKEA

taburete ikea ginatonic

Se me metió en la cabeza que quería un taburete y ni los mails desesperados de Jose mostrándome otras opciones más asequibles no pudieron contra mi fuerza consumista.

Me metí en el coche, y después de tragarme el atasco de la salida del centro pude llegar a uno de los 3 IKEA’s de Madrid.

Normalmente, al aparcar te das cuenta que eso es como Disneylandia: La atracción empieza antes incluso de haber montado, así que ves a mujeres cargando armarios, padres llenando furgonetas mientras su señora sujeta ese pequeño cactus, jóvenes recién emancipados, pijas que no quieren ser descubiertas comprando en una tienda tan vulgar y niños dando por culo con los carros. Pura diversión.

Tu entras y te ofrecen, una bolsa amarilla enorme, un catálogo, un metro, un papelito para apuntar y un lápiz.

Subes las escaleras y delante hay un montón de saloncitos ya montados con muy buen gusto. Los hay para gente más conservadora, algunos chillones con un sofá amarillo y algunos con un sofá feo e incómodo. Es su nuevo modelo de negocio: Hacemos cosas feas y poco prácticas para gente asocial.

Pasas corriendo, y llegas a sofás, mesas, sillas… Y allí hay mil y un taburetes. Algunos no están en la web y otros estaban en la web y aquí no hay ni rastro. Malditos mentirosos.

En un rincón está mi taburete esperando a que lo recoja. Hay dos. Pues pillo los dos… Total, en mi casa vivimos dos y seguro que terminaremos peleando por el taburete. Esos pies en alto, ese mueble para poner la cocacola, esa escalera improvisada para colgar un cuadro… Si, me llevo dos.

Error.

Jose me mira mal.

- ¿Dos? ¿Para qué queremos dos?
- ¿Tu no querrás taburete, entonces?
- Lo miro con ojos de Bambi.
- La que quería venir a comprar un taburete eres tu. ¿Dos taburetes para qué?
- Ñiiii… (ojitos de Bambi aumentando exponencialmente).
- Vale. Dos taburetes.

¡Bien!

Jose coje los taburetes con las dos manos y me dice: “Vale, a la salida.”.

Pasamos por el restaurante y no nos apetece un perrito caliente, ni unas albóndigas, ni unos macarrones con tomate. Es raro, algunas veces hasta bebemos café. Por suerte los baños están cerca.

Justo después bajamos escaleras hasta la planta que yo llamo “las cositas que nunca necesitas, pero que siempre terminas comprando”.

Lámparas, cubiertos, fundas de nórdico, plantas, vasos… Siempre termino cogiendo algo, por ejemplo:

- ¡Mira miraaa! Un cactus por un euro.
- ¡Ooooh! ¡Mira qué vasos rojos con topos violetas más bonitos!
- ¿Necesitamos lámparas? Da igual, póngame dos.

Llegamos a caja después de pasar por el almacén y no coger nada (los taburetes los llevábamos de antes) nos damos cuenta que hemos pillado los de exposición. Mierda. Miramos dónde están y nos vamos al pasillo 3, sección 15, a buscar los malditos taburetes.

Levantamos miles de cartones, buscamos y después de comprobar la referencia, pillamos los dos taburetes y en ese momento se me ocurre: “¡Ya sé! Vamos a comprar un pequeño jarrón para el recibidor.”

Jose me mira con ojos de furia espartana antes del combate.

Vale, no hay jarrón.

Pagamos los dos taburetes, pero no de cualquier manera, sino en esa caja en la que tu te lo haces todo menos cobrar… EING? Si. Lo llaman caja rápida, pero como pilles a una señora que no sepa usar su tarjeta de crédito…

Nada, taburetes en el maletero y a casa.

PD: ¿A la hora de cenar adivináis dónde puso Jose su cocacola? Si, en el taburete que él no quería.

AUDIO:
Cesk Freixas - Dies i nits d’amor i de guerra.Spotify
Julieta Venegas - Amores Platónicos.Spotify
Miguel Bosé - Estuve a punto de…Spotify

LISTAS:
Música de Infometeo.Spotify

IKEA y el cuadro

ikea cuadro taxis VILSHULT

La ira contenida va a ir saliendo a modo de pequeños frasquitos.

Empezamos con el primer frasquito de ira contenida y canalizada a través de un cuadro de un taxi. Si, el cuadro del taxi mítico que todo el mundo tiene en su casa o que todo el mundo ha visto alguna vez y ha dicho: “No es espectacular, pero tampoco está tan mal para tapar el gotelé de la pared”.

Ese cuadro.

La verdad es que a mi no me molesta que ese cuadro lo tenga media Europa. La otra media tiene el beso de Klimt.

Con Jose (también llamado “el chico que hace la mejor tortilla de patatas”) fuimos a comprar un zapatero para mis zapatos a la tienda sueca de muebles. Nos lo debimos pasar en grande allí dentro, porque terminamos con un zapatero, una planta, platos, copas, tazas, taburetes, perchas, el cuadro del taxi y el estómago lleno de perritos calientes de 50 céntimos de euro. En fin, que lo que eran 36 euros, terminaron siendo más de 200.

¿Crisis? ¡¿Qué crisis?! ¡Aquí ahora los zapatos los podemos guardar en una copa si nos falta espacio!.

Entonces vino la hora de la verdad. EL cuadro, que normalmente está a 60 euros, estaba a 25. GANGA.

Sabía que era horrible, terrible, un horror, pero 25 euros lo hacían muy muy muy atractivo para el cabecero de la cama. Así que lo metimos en el carro justo antes de entrar en la zona de cajas y Jose soltó por su boquita siempre elocuente y lógico:

- ¿Crees que nos va a entrar en el coche el cuadro? Yo lo veo muy grande.
- Si que es grande, si, pero entrar entra. Los de IKEA, que son unos suecos muy listos, habrán pensado en esto. A ver, no va a sobrar mucho espacio, pero tu tienes un maletero grande.
- Dije yo con total seguridad.
- Gina, lo mio es un coupé - Dijo Jose, pero como yo no entiendo de coches pensé que hablaba de la primitiva.

FAIL.

Llegamos al coche, sacamos el cuadro del carrito y…

Vaya, a 90 grados no cabía.
A 180º tampoco.
Lo pusimos a 45º. Nada.
Probamos con 36,5º y con todos los decimales que se nos ocurrieron.

Un desastre.

Ya me ves a mi arrastrando el cuadro a las 22.30 de la noche por el parking de IKEA hacia la cola de “devoluciones“, con cara de “No me digas, que me lo habías dicho antes o te lo estampo”.

- ¿Motivo de la devolución? - Me dijo la chica del mostrador mientras leía que en el ticket todo estaba correcto y que al cuadro no le faltaba ningún píxel.

- No me cabe en el coche. Me ha costado el cuadro 25 euros, y el transporte me costaría 40 y este cuadro no vale 65 euros. - Solté por la boca sin mover las cejas (que ya sabéis que a mi me cuesta).

La muy hija de un bárbaro sueco se rió flojito, para ella, pero la oí. Hija de la gran madre patria sueca… Esa es otra de las muchas razones por las cuales odio los países nórdicos.

Nada. Ahora tengo en el cabecero de la cama un precioso panel de madera y una pared con gotelé.

AUDIO:
Pizzicato Five – Twiggy Twiggy / Twiggy vs. James Bond.Spotify

ALBUM:
Pete Yorn & Scarlett Johansson – Break Up.Spotify

En Ikea trabajo yo

ikea

Siempre es un placer ir a Ikea los Sábados por la mañana, según mi madre y mi tía. Quienes no deben conocer el lugar los fines de semana mientras la gente, en vez de ir a pasear al parque, pasean por los laaargos y estrechitos pasillos de Ikea, es una moda de nuestra sociedad del capitalismo y el consumo: Paseamos por aquí, para ver si caen unas tazas para la cocina, unas sillas para el comedor, o unas cortinas nuevas. Incluso yo he visto a gente paseando por la tienda y de repente suelta:

- “Mira que cómodo este colchón. ¿Nos lo llevamos?”

Además, si en la carretera esta llena de domingueros, imagínate como esta Ikea los Sábados a eso de las 12. Da miedo de verdad. Ese tipo de miedo que solo Hitchcock sabía hacer.

Yo fui a comprar un montón de estanterías para el comedor. Ya venía preparada de casa con los números de referencia de los productos para no tener que explicarle a la pobre mujer que trabajaba allí con señas cómo era lo que yo quería. Color abedul. Fue simple, aunque no tan simple cómo pensaba.

Luego cargar los muebles en el coche, haciendo uso de todos los conocimientos del Tetris que había adquirido en mi infancia: Los muebles pesados en la parte de abajo, los puntiagudos al fondo, los que parecen delicados en mis rodillas,… todo esto para poder apretar (de una manera muy apurada) el freno, el embrague y el gas. Aunque la 5a marcha no pude ponerla en todo el camino porque las puertas de Strömke me lo impedían.

Al llegar a casa un vecino (y mi hermano) me ayudaron a subir las escaleras. Yo llevaba los jarrones, las plantas y los manteles mientras ellos dos se peleaban por encontrar el ángulo exacto para hacer pasar unas maderas de color abedul por el ascensor. En este propósito hay que aprender a delimitar tus tareas: Yo cosas de menos de 5 Kg, lo demás para mi hermano y el vecino. Mi madre aguantaba la puerta del ascensor, buena elección.

El montaje fue mucho más divertido. Girar esos grandes tablones costaba lo mismo que construir una pirámide de las pequeñitas, y ponerlas de pie una de las grandes. Pero al final pude mover las estructuras lo suficiente como para que quedasen en su sitio.

Se me olvidaba una cosa, hay que aprender a abrir los ojos cuando se usa el taladro. Puede que la marca que te has currado con un lápiz, un nivel y un metro (flexometro) se mueva cuando taladres y tengas que volver a enmasillar y pintar la pared. A mi es que el polvo que levanta me pica en los ojos, y el ruido me asusta.

Salió como salió, pero estoy contenta con mi obra faraónica. Ahora mi comedor se parece mucho más a la función social por la que estaba diseñado y no un almacén como antes.

Un chiste mu malo:

- ¡Hola Manolo! ¡Cuanto tiempo! ¿Que es de tu vida?
- Pues estoy casado y trabajo en Ikea…
- ¡Una mierda! ¡En IKEA trabajo yo!

AUDIO: Shakira - Día de Enero

Las broncas de mis amigos

amigos

Tengo la suerte de tener buenos amigos que me cuidan.

Me dan de comer, me dan regalos, me llaman, me mandan mensajes, me dicen cosas bonitas, me alegran el día, me limpian el código del blog, me repasan las faltas de ortografía, me acompañan al médico, me aguantan al teléfono horas y horas, me sacan de paseo…

Un lujo de amigos, la verdad. Sobretodo en los malos momentos.

Pero a veces me recuerdan al último anuncio de IKEA, un placer audiovisual de anuncio por ser la cruda realidad de las madres, pero yo lo traslado a mis amigos con complejo de mamas.

Tengo amigos que cuando hago algo en que no están de acuerdo o tengo un mal momento, me hacen de mama y en lugar de decirme “Pobrecita, pobrecita…“, me meten caña y me sueltan: “Tienes que hacer esto porque bla bla bla… y lo otro bla bla bla… no pienses en eso… bla bla bla“.

¡Coño! ¡Que fácil ser amigo mio!

No es que haga nada malo, pero hay veces que algunas cosas nos afectan mucho, cosas que deben afectarnos porque sino seríamos de hielo, y mis amigos con ánimo de ayudar solo dicen: “No pienses en ello“.

Aixxx… Que duro es ser mujer en un mundo de hombres… Os dejo con la letra del anuncio de Ikea, porque me parece brutal.

En el salón no se juega Lyrics

Esto no se toca, quita.
Con esto no se juega, dale.
Esto no se toca, quita.
Con esto no se juega, dale.
Quita los pies de la mesa.
En el salón no se juega.
En el sofá no se come.
En el salón no se juega.

Esto no se toca, niño.
Con esto no se juega, dale.
Esto no se toca, quita.
Con esto no se juega, dale.
Aquí no se juega pelota.
En el salón no se juega.
No pises la alfombra,
En el salón no se juega.

Me vas a dar un disgusto.

En el salón no se juega, Oh yeah!
No, no, no!
Yeaaah…

PD: Juro por Dios que no tiene nada que ver con Ancude, pero me mola el dibujo que hizo él con mi Wacom hace unos meses.

AUDIO: Pussycat Dolls - Sway

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