Los que roban en el metro de Barcelona

No los llamaremos ladrones, pues me parece incluso un trabajo. Lo que hacen ellos es terrible.
El otro día, volvía de una pequeña grabación en Balzac en metro. Éste estaba lleno de gente, y claro, íbamos apretados como en Japón . Terrible, la sensación de meterse en una masa de gente es desagradable, pero sobretodo ahora que ha llegado la primavera y muchos se olvidan el desodorante en casa. Y yo claro, muy bien maquillada, como una puerta.
Lo que decía: Vagón lleno, gente, volvía de trabajar, bla bla bla… Y justo detrás de mí se colocan 5 hombres de unos 40-45 años muy raros. Todos llevaban la chaqueta colgando del brazo, e iban a unísono pegados, mucho más que el resto del vagón.
En esas que veo como la mano de uno se alarga por debajo de la chaqueta e intenta abrirle la mochila a un señor. Y no se si imprudente o valiente dejé caer la gran frase inteligente, denotando 5 años de estudios universitarios, un trabajo con responsabilidad y gran afición a la lectura:
- ¡¡Eeeehhh!! - Digno, no me digáis que no.
El de la mano larga me mira desafiante.
- Si, tu, ¡el delincuente! - Respondo.
Y en ese momento, los otros 4 hombres se giran desafiantes. Tierra trágame. Bueno, tierra trágame pero no le aparto la mirada e intento poner una más desafiante y con desaprobación de su comportamiento. Aix… Es lo que tiene vivir muchos años con mi madre, que se pegan manera difundir moralidad.
En ese momento el vagón es lo único que existe en el mundo, y el mundo está dividido como en una guerra de bandas: Los 5 ladrones contra el resto del vagón que también los mira desafiantes. O eso me pareció a mi: ” Camara cenital y luz teatral”… Tachán tachán..
En ese momento de tensión, el ladrón me suelta con acento de fuera:
- ¿Te gusto mucho para que me mires tanto? - Y me suelta un beso.
¡Dix! Me quedé atontada con su respuesta, y solo pude contestarle:
- No, te controlo porque eres un delincuente. Si, si, un ladrón, un delincuente, un… - Quise terminar la frase con “capullo”, pero no quise tentar mi suerte. Y no se me acudían más sinónimos para él. Los nervios, supongo.
caco, carterista, ratero, cleptómano, descuidero, chorizo, mangante, saqueador, timador, bandido, atracador, maleante, cuatrero…
En un ataque de cordura celestial, me aparté, me fui a la otra punta del vagón, pero claro, esos ya estaban fichados y supongo que ya no tenían muchas posibilidades de meter mano en ningún bolso o mochila, así que algunos bajaron del vagón y otros dos se quedaron observando.
Me cagué de miedo. Sinceramente. Me imaginé bajando en mi parada de metro (en la cual nunca baja nadie) y que me pegaban una paliza justo al lado de las máquinas de validación del ticket. ¡Glups!
Al final nada. Ni paliza, ni persecución. Tampoco la patada voladora imaginaria a lo Chuck Norris que había imaginado en mi mente. Pero ya me he pensado un montón de frases ingeniosas para soltarles la próxima vez que los vuelva a ver.
Ellos no lo saben, pero casi casi vivo en el metro de Barcelona. Me paso mucho tiempo viajando en él… Y eso me da ventaja. Cuando vuelve a verlos, les regalaré un ejemplar de un periódico para que busquen trabajo de algo y coticen, que en breve toca entregar la declaración de la renta y me doy cuenta de la estafa en la que estamos metidos: ¡Seré pobre toda mi vida a este ritmo de impuestos!
Por cierto estoy desde ayer, hasta el martes, en el Festival Audiovisual Zemo98 en Sevilla. Quien quiera que se pase a saludar :)
AUDIO: Alex Ubago - Me arrepiento





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