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Posturas de sexo: El Misionero

misionero

En el sexo existen múltiples posturas, algunas más comunes y otras menos comunes. El misionero es un clásico que está cayendo en la vulgarización debido a su uso tan corriente. Un clásico entre clásicos.

Un poquito de historia: ¿Os habéis preguntado porque se llama el misionero?

Cuando Cristóbal Colón descubrió esa tierra y Americo Vespucio dijo que era América, la iglesia no tardó en izar velas para ir a convertir a esos pobres pueblos al cristianismo. Los misioneros españoles que allí iban, habían pasado tiempo en un barco lleno de hombres y cuando divisaron tierra después de semanas sin ver una mujer, las indígenas les parecieron mujeres esculturales, tapadas con lo mínimo y ya podéis imaginar en qué postura les gustaba violarlas.

La postura consiste en la mujer tumbada bocarriba con las piernas abiertas y el hombre se arrodilla entre sus muslos apoyado con las piernas y los brazos.

PROS:

  • Senzillez
  • Facilidad
  • Permite una penetración profunda sin riesgo. Es decir, el chico la puede tener muy muy grande y no hay peligro a que “te perfore el esófago”
  • Permite abrazar a tu pareja
  • Permite mirar a los ojos a tu pareja
  • A muchas chicas les resulta más fácil llegar así al orgasmo debido al control del ángulo y porque la base del pene acaricia el clítoris
  • Puedes acariciar el clítoris con la mano

CONTRAS:

  • Está demasiada extendida, y puede llegar a aburrir
  • Hay hombres que no saben marcar el ritmo
  • Es perfecta para que la mujer piense en otras cosas mientras mira las manchas del techo

Cualquier postura clásica tienes más ventajas que inconvenientes y es precisamente por eso que la podemos denominar clásica. Existen variantes de esta postura, pero sólo es cuestión de tener a alguien con quién experimentar.

AUDIO: Zebrahead - Playmate of the Year (live)

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