Ginatonic
Cuando me desperté, el blog aún estaba allí - Blog 100% Gina


Bailar en el cine

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La película en cuestión fue Step Up 2: The Streets. Una de las peores películas (cinematográficamente hablando) que he visto últimamente pero una gran película para ir a ver con amigas faltas de hombre de buen ver.

Marta y una compañera suya de la universidad quedamos en el cine mismo para ir a la última sesión antes de sus exámenes finales. Era la última sesión de un miércoles aburrido y soso, así que una película con un argumento vacío era lo mejor que nos podía pasar a las 3.

Una con el novio en Marruecos, la otra con ganas de terminar con las 120 lecciones que le quedaban para el exámen del viernes y la menda con ganas de quitarse esa vaguedad apática que invade su cuerpo primaveras y otoños de cada año.

La peli, ya os lo digo yo: Predecible. ¿Pero qué sería del cine si nos contasen cuentos donde la princesa y el príncipe no terminan juntos? Yo siempre he dicho que cuando era un bebé me leían cuentos, y ahora los veo en un cine (o en screener en casa).

Bueno, a lo que iba, que siempre me voy por las ramas: La película tiene un grupo de gente que baila de muerte bailando todo el rato por cualquier excusa. Y así como el chico de la primera parte no me gustaba mucho, juro que me atrevería a invitar a una copa (o a una caja de preservativos) al chico protagonista. ¡Y eso que no me gustan los rubios!

Al terminar la película, abrieron las luces y como si lo hubiésemos hablado, Marta, la amiga y yo nos levantamos y usando escaleras y rampas empezamos a bailar en medio de la sala del cine.

Si, las locas fueron al cine y no pudieron contener la tontería que llevaban dentro.

Y si, supongo que toda la gente se murió de risa y alguien lo publicó en su blog, pero no me importa. Nos reímos un montón y si pudiera volvería a hacerlo. No me averguenzo de bailar breakdance en público.

Para ver la peli en castellano, podéis usar Megaupload, gran servicio de vídeo. Si por el contrario, no hace falta bajarse contenido de la red, pues está todo colgado para nosotros.

AUDIO: Pink Martini - Amado mio

El primer día de gimnasio

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Lo confieso. Lo hago ahora y delante de todos vosotros, y no para que me toméis como referente, al contrario, sino para que aprendáis de mis errores y no hagáis lo mismo que he hecho yo.

Hacía dos años que no pisaba un gimnasio y hace unos días me apunté al municipal de mi barrio porque me sentía culpable.

Me apunté con Marta, mi amiga de la que he hablado alguna vez en el blog, porque ella tampoco había ido al gimnasio en años y unidas pensamos que haríamos más fuerza y nos obligaríamos a trabajar duro. Ya sabéis, eso de codo con codo.

Me pasé más de 20 minutos buscando los pantalones de gimnasio con una agradable sorpresa: Antes yo tenía el culo de Audrey Hepburn y ahora de Audrey solo me queda el DVD. Para que me entendáis: La goma del pantalón me sirve ahora de diadema para la cabeza.

No os hablo del estado de mis zapatillas de deporte, porque es lamentable. Me da hasta vergüenza.

Como una buena deportista, llegué en bici al gimnasio. Sudando como un pollo.

Me inscribí, y después de pagar más de 100 euros bajé al piso de los vestuarios, me vestí con la ropa de hacía dos años (y dos tallas menos de lo que debería) y subí a la sala de máquinas con Marta.

Ella lo tenía claro: La máquina elíptica. No es una cinta de correr, pero tampoco unas escaleras. Es una máquina de matar. Así que me pasé 20 minutos en esa máquina infernal demostrándole al mundo que un podcast para aprender italiano en el iPod no era la mejor opción para que el tiempo fuera más rápido.

Yo lo siento, pero me aburro estando
arriba con movimientos repetitivos, mirando el infinito y repitiendo: “Piacere di conoscerti” una y otra vez hasta pasar a la lección 2. Voy mirando el reloj y los segundos no avanzan, al contrario, van al revés.

Salí de allí con ganas de matar al inventor de la elíptica, pero no tenía la fuerza ni su dirección. Me dirigí a la fuente del pasillo con la cara roja, el sudor había empapado hasta mis bragas y el agua nunca era suficiente para sofocar el calor.

La ducha… ¡Qué contaros de ella! Bendita y esperada ducha de gimnasio.

Lo peor fue al día siguiente, cuando unos músculos en las piernas se acojonaron tanto que me impidieron moverme de la cama para que no volviera a ese lugar infernal.

AUDIO: Metallica - My Apocalypse

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