Conducir con la familia al lado

Juntando este post y este post de ayer podéis llegar a la conclusión que ese fin de semana me tocó hacer de chófer.
Yo encantada, pues el coche de mi madre es nuevo y de gasolina. Una nueva sensación muy diferente a lo que se siente conduciendo ese coche de 5ª mano, lleno de rayazos y diésel que se usa para aprender a conducir. Antes no había cogido otro coche que no fuese ese y la verdad, es que se pueden distinguir varias sensaciones:
- Los pedales, el volante y el cambio de marcha son diferentes. Muy diferentes.
- No tener al gilipollas de mi profe de la autoescuela al lado hace que por una parte estés más aliviado por no tener que aguantarle y por otra más nervioso pues tu copiloto no tiene los pedales para poderte frenar en caso de distracción. Las distracciones son muy muy malas, peores que el alcohol y los Mossos d’Escuadra.
- Cuando la gente ve que llevas la L verde detrás te dejan hacer todo el tonto que quieras. ¡Es una suerte!
El caso es que podría enumerar un montón de sensaciones al volante con el carnet en la mano. Pero la más notoria es que conducir desde Figueres a Barcelona a 80 Km/h, por el carril de la derecha, y con tu madre y tu hermano detrás chillando que iba muy rápido… No tiene precio.
Mi hermano lo hacía para tocarme las pelotas, eso es evidente, y mi madre porque realmente ver a la hija que has parido en manos de tu flamante coche nuevo y con unos taconazos conduciendo por la autopista debe ser una sensación bastante trepidante.
Pillé el coche en un parking de arena, y a 15 Km/h por ese, ya empezaron a decirme que iba muy rápido. Por suerte, mi abuela iba de copiloto y le dijo a mi madre que se tranquilizara porque iba muy bien. Un 10 por mi abuela, que supo controlar la situación.
Tengo que confesar que a los 20 minutos de coche mi abuela sacó el rosario. Pero tengo que alegar en mi defensa que era “su hora de misa” y no porque yo estuviese haciendo algo raro.
Salimos del pueblo, entramos en la carretera (me costó un poco ya que había muchos coches circulando en ella) y de ahí directamente a la autopista.
Mi primer peaje y de ahí ya todo fue más normal porque se quedaron todos dormidos y me dejaron al volante sola. Sola a mis 80 Km/h durante 150 Km. Tenía mucho tiempo por delante para pensar, cantar o lo que quisiera, pero lo único que podía emanar de mi mente era que me sudaban los pies un montón con esos zapatos de tacón tan altos.
Los gritos de “Vas muy rápido, vas muy rápido” de mi madre, se transformaron en pequeños y dulces ronquidos. Un placer comparado con el primer momento de tensión y las risas de mi hermano. No sé si de nervios o de tensión.
41 prácticas de coche pagadas para eso…








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