La Kindermancia

El sentido de la vida podría ser 42…
El otro día salí a cenar con un actorazo guapísimo por el centro de Barcelona. Hablamos de la vida, del trabajo, del futuro y nos hicimos millones de confesiones. Entre ellas sobre mitos y leyendas en los que nosotros creíamos.
Me confesó que hay un arte oculto, un modo de predicción no muy antiguo pero con un índice de cierto bastante alto llamado Kindermancia.
Esta practica puede realizarla cualquier persona. No se necesitan conocimientos previos de tarot, adivinación, runas o similares. Eso son chorradas en comparación con la Kindermancia. Tampoco se necesita creer en nada. Es como creer en el cara o cruz, o en sacar el palito más corto.
Primero, hay que tener una pregunta muy clara en la cabeza. Una pregunta del tipo: “¿Debo seguir con mi marido?” o “¿Estudio medicina o me quedo en educación infantil?” o “¿Este trabajo está hecho para mi?”.
Una vez tengamos la pregunta, nos dirigimos a una tienda donde vendan Kinder Sorpresa, esos huevos de chocolate con una figurita dentro. Tiene que ser una tienda muy específica: No sirven las que tienen sólo 4 huevos para escoger, las que venden packs o similares. Tiene que haber bastantes huevos, tienes que TÚ y sólo TÚ tocar ese huevo cuando lo compres. El huevo tiene que llamarte. Tiene que ser TU huevo. Entonces, cuando lo cojas, piensa bien en tu pregunta, porque ESE huevo lo decidirá todo.
Llegas a tu casa. Y sin que nadie te vea, le quitas el papel al huevo y disfrutas comiendo del chocolate (no todo iba a ser responsabilidad!). Sólo tú puedes comerte el chocolate. Cuando termines, entonces, puedes abrir el huevito de plástico que dará solución a tu enigma.
A partir de ahí, monta el juguete y míralo bien. Es tu respuesta. En una forma muy creativa y primitiva de solución a tu enigma, pero ahí está.
La piedra filosofal es ese juguete y tu manera de interpretarlo.
Por ejemplo:
A un amigo mío que preguntó sobre el amor le salió un puzzle de corazones.
A mi, que pregunté sobre relaciones estables, me salió el pato Donald en un parapente.
Cuando Marta preguntó sobre si coger un taxi o la moto un día de lluvia, le salió un cochecito de carreras.
Un cámara preguntó entre irse a Argentina a trabajar o quedarse en Barcelona, le salió una tortuguita mochilera.
¿Lo véis? La Kindermancia es lo más nuevo para la adivinación del futuro de hipsters y modernos de Lavapies, Malasaña, Gracia o El Born.
El sentido de la vida podría ser 42… Pero aun no me ha salido el juguete que lo demuestre.
AUDIO: Dream a little dream of me.YouTube
Leer MásMe enamoré

Me enamoré de su manera de tocar la batería del Guitar Hero. No la del Rock Band, que dice que el nivel fácil es demasiado fácil y el difícil demasiado difícil.
Me enamoré de la manera en la que hablaba en vasco. Cómo “asko maite zaitut” salía entre sus labios. Aprendí a comunicarme en su idioma solo observando sus conversaciones telefónicas con la familia.
Me enamoré del desayuno que me preparó ese día que fuimos a pasear por Gracia. ¿O era Lavapiés?
Me enamoré de su manera de pedirme que me fuera con él a tomar una copa de cava en cualquier parte. Él llevo la botella y dos copas de cristal. La gente nos miraba raro y a mi me inspira ser diferente.
Me enamoré de cómo pidió perdón por llevar la barba un poco más larga de lo normal y pensar que podría irritarme al piel al besarme. Él no sabía que nada me gustaría más que llevar una marca de sus besos en mi piel.
Quise probar sus guisantes con wasabi, pero después de morir ahogada por el sabor, solamente quise probar sus ensaladas de canónigos y queso azul.
Dice que está obsesionado por la comida, pero se alimenta de kebabs y cocacola. Puede que su obsesión sea la mezcla cultural y su objetivo hermanar culturas gastronómicas.
Me enamoré de su manera de desabrocharme el sujetador con una mano mientras me susurraba al oído que la primera vez que se lo desabrochas a una mujer marca para siempre vuestra relación. Él no quiere ser “el que no supo desabrocharlo en la primera cita”. Por suerte para mi, él es el ninja de la ropa interior femenina.
Me enamoré al montar mi cama de Ikea con él, tumbarnos y hablar de lo pornográficos que son algunos detalles del interiorismo de las películas americanas. Después de dos semanas contigo, tengo muchos más referentes y podría hacerme la interesante.
Me enamoré de cómo me contaste que huiste de tu ciudad para alejarte de una mujer para caer en manos de otra. Y que cómo la vida puede sorprenderte como una telenovela de lunes a mediodía.
Y sobretodo, me enamoré de tu mensaje en Facebook. Esa broma interna que solamente conocemos tú y yo.
PD: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o no, puede que la realidad supere la ficción. Y sino, ya sabéis lo que dicen: “mucho lerele y poco larala”.
AUDIO:
Sex and the City.Spotify
Sex and the City 2.Spotify
Extraterrestres en Madrid
Debería de dejar los almendrados o los polvorones de canela… No me sientan bien.
Fui a la Plaza Mayor de Madrid a comprar bolas para mi árbol de Navidad (que es como un niño tonto, que solamente gasta: que si bolas, que si espumillón…), y me encontré con este percal: Los OVNIS habían llegado a la capital madrileña.
AUDIO:
Kylie Minogue – Get outta of my way.MP3
Café con bollo

El otro día quedé con La Ricci, una bloguera conocida de la bolloesfera, como lo era MariPili.
Fuimos a hacer una cerveza, pero yo me comí una fideua llena de pimiento rojo y verde que fui deconstruyendo poco a poco hasta quedarme solo con los fideos. La cerveza con aceitunas se la bebió ella tan tranquila al sol.
Hablamos de muchas cosas, pero sobretodo del mercado de la carne hetero y lesbo de Barcelona y llegamos a la conclusión que hay pocas diferencias entre ambos.
Aunque los tíos que aparentemente están fuertes tienen una barriga cervecera luego, las chicas tienen culo panadero: No del sabrosón cubano, sino del panadero de pan de kilo. Vaya, que mal el mercado mujeril. Ya me lo habíais advertidos algunos hombres en el post del martes.
Al final de la velada terminamos sabiendo muchas cosas la una sobre la otra, y grandes secretos que están prohibidos ser desvelados, como el color de la pared de las habitaciones respectivas, la chaqueta tejana de los 80 que se compró para una fiesta, mi gran aversión al pimiento y a los tíos con barriga,…
Al final hasta el camarero me preguntó el nombre y me soltó:
- Yo tenía una ex que se llamaba Gina.
- Ah! ¿Y era guapa y simpática?
- No tanto como tu. Ella me dejó por mi mejor amigo.
¡Glups! No todas somos así, pero así Ricci pudo comprobar que en el mundo hetero hay también mucho mamón (y mamona) suelto/a. Y no lo digo por el camarero, que se portó como un sol.
La conclusión: Hay que volver a ese Bar, no pedir Fideua y pedirle perdón a ese camarero de parte de las Ginas del país. No todas somos iguales. Aunque yo no dejé propina. ¡Glups!
AUDIO: Lykke Li – Little bit
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